El costo oculto de la anorexia: por qué los jóvenes luchan con la comida

32

Hila Elmalich era sólo una modelo. El 14 de noviembre de 2007 murió de insuficiencia cardíaca. Pesaba sólo 27 kilos. Había padecido anorexia nerviosa. Se mató de hambre durante varios años. Su historia es trágica. Pero ella no estaba sola.

En Alemania, las cifras son crudas. Sólo en 2010, 82 niñas y mujeres jóvenes murieron a causa de las consecuencias de la anorexia. El riesgo es mayor para los adolescentes. Uno de cada cinco jóvenes entre 11 y 17 años muestra síntomas de un trastorno alimentario. ¿Por qué la comida causa tanto pánico? ¿Por qué tantos jóvenes luchan contra sus propios cuerpos?

La crisis del control

Comer no se trata sólo de sobrevivir. Para muchos adolescentes se convierte en un campo de batalla. El cuerpo cambia rápidamente durante la pubertad. Las hormonas cambian. La grasa aparece en nuevos lugares. Algunos adolescentes se sienten fuera de control.

Restringir la comida se siente como control.

Es una forma de gestionar la ansiedad. No se trata sólo de peso. Se trata de poder. Cuando el mundo se siente caótico, matar de hambre al cuerpo parece una solución. La mente se convence a sí misma de que la delgadez equivale a seguridad.

Un problema creciente

La anorexia no es sólo un fracaso personal. Es una cuestión sistémica. La presión por estar delgada está en todas partes. Las redes sociales amplifican esto. Las imágenes están editadas. Los cuerpos reales están escondidos.

Los jóvenes se comparan con estándares imposibles. Ven una perfección que no existe. El resultado es vergüenza. La vergüenza lleva a esconderse. Esconderse conduce al silencio.

El silencio permite que el desorden crezca.

Signos tempranos

Reconocer la anorexia a tiempo puede salvar vidas. Los síntomas suelen comenzar de forma sutil.

  • Preocupación por las calorías.
  • Saltarse comidas
  • Rutinas de ejercicio extremo.
  • Retiro de eventos sociales que involucren comida.

Si nota estos signos, mire más de cerca. No los ignores. La anorexia es una enfermedad mental grave. Afecta al corazón, los huesos y el cerebro. Sin tratamiento, puede ser fatal.

El camino hacia la recuperación

La recuperación es posible. No es fácil. Requiere apoyo. Familiares, amigos y profesionales deben trabajar juntos. El tratamiento implica terapia. Implica asesoramiento nutricional. Se necesita tiempo.

Pero la curación es real.

Mucha gente se recupera. Aprenden a comer de nuevo. Aprenden a confiar en sus cuerpos. Encuentran la libertad.

La pregunta permanece. ¿Cuántos Hila Elmalichs más perderemos antes de actuar? La respuesta está en la conciencia. En compasión. Al desafiar la cultura de la delgadez.

Perder algunos kilos es el sueño de la mayoría de las personas. Para algunos adolescentes, especialmente las niñas, perder esos kilos de más es como desbloquear una vida mejor. Pero, ¿qué pasa cuando una dieta estricta finalmente conduce a una talla XXS? Para muchos la felicidad no llega. En cambio, la anorexia nerviosa toma el control total.

Pensamientos sobre comida y hambre ocupan cada hora de vigilia. Al mirarse al espejo, a pesar de tener las mejillas hundidas y las costillas visibles, los pacientes siguen viendo depósitos de grasa insoportables. Andreas Schnebel, miembro de la junta directiva de la Asociación Federal de Trastornos de la Alimentación, explica la triste realidad.

“Quien está profundamente sumido en la anorexia nunca llega a un punto en el que se sienta satisfecho. Por eso siempre hay estos terribles cursos que terminan en la muerte.”

Bulimia: La espiral silenciosa

La bulimia, o trastorno por atracón, es menos potencialmente mortal que la anorexia, pero mucho más común. Los adolescentes tienen aproximadamente tres veces más probabilidades de caer en el ciclo de la bulimia que en la inanición anoréxica. El patrón es brutal: atracones, vómitos y vergüenza intensa.

Debido a que quienes padecen bulimia suelen mantener un peso normal, la enfermedad puede permanecer oculta a las familias durante mucho tiempo. El daño es interno, oculto bajo una apariencia ordinaria.

La raíz común: control y vergüenza

A primera vista, la anorexia y la bulimia parecen opuestas. Uno implica un rígido conteo de calorías; el otro implica comer sin control. Sin embargo, comparten profundas similitudes estructurales. Ambos suelen comenzar durante la pubertad o poco después. Ambos están impulsados ​​por el pánico al aumento de peso y causan importantes daños a la salud. La angustia emocional es inmensa.

La relación distorsionada con la comida es sólo la punta del iceberg. Los verdaderos problemas son más profundos. La autoestima suele verse gravemente comprometida en ambas condiciones.

La dictadura de los estándares de belleza

Estos trastornos están alimentados por los estrictos ideales de belleza de nuestro tiempo. En nuestra cultura, bella es igual a delgada. El mensaje de las revistas de moda y los carteles publicitarios es omnipresente. Los adolescentes son particularmente susceptibles a esta presión. El éxito duradero de programas de casting como “La próxima topmodel de Alemania” lo demuestra. Los hábitos alimentarios saludables rara vez son el centro de atención.

Las críticas aumentaron en 2010 cuando Ann Ward, una ganadora de un concurso de modelos estadounidense con un peso muy bajo de peso, apareció en la portada de Vogue. Medía 1,90 metros y pesaba sólo 45 kilogramos. Continuó su carrera en la pasarela a pesar de la controversia.

En Israel, una carrera así sería imposible. Tras la muerte de la modelo anoréxica Hila Elmalich, las leyes cambiaron en marzo de 2012. Las modelos ahora deben tener un índice de masa corporal (IMC) dentro del rango normal de la Organización Mundial de la Salud. Es obligatorio un IMC de al menos 18,5.

El miedo al aumento de peso

La gloria por sí sola no provoca la locura del hambre. El miedo a engordar es igualmente poderoso. Ningún adolescente quiere que le pongan apodos como “cerda gorda” en el patio del colegio. Las dietas parecen ofrecer una solución.

Un estudio de la Sociedad Alemana de Nutrición revela que el 26 por ciento de los jóvenes entre 13 y 16 años intentan ahorrar calorías porque no están contentos con su peso. Este intento aparentemente inofensivo de perder algunos kilos puede convertirse en un largo camino de sufrimiento.

Andreas Schnebel, que trata a pacientes con trastornos alimentarios desde hace casi 30 años, describe una progresión típica.

„Un curso típico es el siguiente: alguien gana un poco de peso durante la pubertad, comienza una dieta y luego queda atrapado en la anorexia.“

La presión de los ideales de belleza se está intensificando. Schnebel señala que hoy en día muchos más niños y jóvenes se ven afectados. La edad de aparición está disminuyendo. Hace treinta años, ningún niño de 11 o 12 años acudía a su clínica. Hoy en día, incluso los niños de ocho años sufren anorexia o bulimia en toda regla.

La dificultad de la recuperación

¿Qué se puede hacer contra la anorexia y la bulimia? Consejos bien intencionados como “¡Solo come!” o “¡Deja de vomitar!” rara vez funciona. Es literalmente una adicción. Los pacientes tienen poco control sobre ello.

Estos trastornos tienen un propósito para quienes los padecen, incluso si ese propósito no es morir de hambre o destruir sus dientes. El éxito de la pérdida de peso, mientras que otros fracasan en las dietas, proporciona una sensación de control. Para los anoréxicos, rechazar la comida también puede significar ejercer poder dentro de la familia. Detenerse es increíblemente difícil.

A menudo, los pacientes tardan años en darse cuenta de que no sólo están tratando de perder peso, sino que padecen un trastorno alimentario. Cuanto más tarde llega la comprensión, más difícil se vuelve la recuperación.

“Cuanto antes se inicie la terapia, mayores serán las posibilidades de curación”, explica Schnebel.

Lo ideal es que la conducta alimentaria se normalice completamente después de la terapia. Esto sucede en aproximadamente un tercio de los pacientes con anorexia y bulimia. En otro tercio, el comportamiento se estabiliza, aunque no a un nivel completamente saludable. El último tercio corresponde a enfermedades crónicas. En el caso de la anorexia, este grupo incluye a quienes mueren a causa de la enfermedad.

La ventana para una recuperación total es estrecha. Una vez que las vías neuronales de restricción y atracones están profundamente grabadas, el cambio se convierte en una montaña que escalar.

La intervención temprana marca la diferencia. Éste es el mensaje constante de psicólogos como Andreas Schnebel, que dirige la filial de Munich de ANAD e.V., una organización dedicada a apoyar a quienes luchan contra los trastornos alimentarios. El objetivo es conseguir ayuda profesional antes de que el ciclo se vuelva irrompible.

Iniciar la conversación no tiene por qué ser abrumador. Muchas organizaciones ofrecen horarios de consulta abiertos en varias ciudades. Si salir de casa no es una opción en este momento, hay asistencia disponible por teléfono, chat o correo electrónico.

Opciones de tratamiento y duración

La terapia no es única para todos. El enfoque depende completamente de la gravedad del trastorno y de las circunstancias de la vida personal del paciente.

  • Terapia ambulatoria: A menudo, la terapia conductual se realiza en una clínica o consultorio privado.
  • Atención hospitalaria: Necesaria para casos más graves que requieran estancia hospitalaria.

Para algunos pacientes, la estancia hospitalaria es sólo el comienzo. Es posible que hagan la transición a un hogar grupal residencial durante varios meses. Este paso ayuda a prepararse para regresar a la vida diaria y a la familia. El riesgo de recaída en el entorno familiar es alto.

“Sucede a menudo que los adolescentes se desarrollan bien fuera de casa en terapia, pero cuando regresan, casi nada ha cambiado en su vida familiar.” – Andreas Schnebel

Por eso a menudo se recomienda la participación de la familia. En realidad, rara vez sucede. Las compañías de seguros rara vez cubren el costo de las sesiones de terapia familiar.

La visión sistémica de la enfermedad

¿Por qué es tan importante el entorno del hogar? Schnebel lo explica a través del enfoque sistémico. Los psicólogos utilizan esto para resolver conflictos y trastornos al considerar a la familia como un sistema único.

Cada persona tiene sus propios temas. El individuo con anorexia suele ser el “portador de los síntomas”. No son necesariamente la persona más problemática o enferma de la unidad familiar. Ellos son simplemente quienes expresan la tensión subyacente de la familia.

Qué ayuda y qué no

Los expertos coinciden en una cosa: cuanto antes se detecte el trastorno, mayores serán las posibilidades de recuperación. ¿El problema? Es difícil determinar cuándo una dieta ha cruzado la línea de la patología.

Los padres de preadolescentes infelices a menudo se sienten impotentes. Schnebel sugiere buscar señales de advertencia tempranas. Esté atento a un enfoque extremo en la comida y el peso. Esté atento a patrones alimentarios cada vez más restrictivos.

Empieza poco a poco. En primer lugar, se evita la pasta. Luego se retiran las salsas. Entonces desaparecen grupos enteros de alimentos.

Los padres suelen sentirse impotentes cuando un niño se niega a comer. La confrontación puede resultar contraproducente. Schnebel desaconseja las acusaciones directas.

  • No digas: “Noté que estabas vomitando”.
  • No uses tácticas de presión como: “Nunca encontrarás a un hombre si te mantienes así de delgada”.

En su lugar, pruebe con un enfoque más suave. Pregunta por su bienestar.

“Tengo la impresión de que no lo estás haciendo bien”.

Acéptalo si el niño bloquea la pregunta. Para los padres preocupados, hablar con un centro de asesoramiento sobre trastornos alimentarios es fundamental. Estos lugares ofrecen apoyo no sólo al paciente, sino también a sus familiares.

Desarrollar la resiliencia tempranamente

La mejor protección contra un trastorno alimentario no es una dieta o una regla específica. Es un fuerte sentido de autoestima. Esta base debe construirse mucho antes de que llegue la pubertad.

Los niños necesitan saber que su valor no está ligado a un cuerpo perfecto. La mayoría de nosotros no nos parecemos a nuestras versiones idealizadas de nosotros mismos. Aceptar que la realidad es un escudo.

Para aquellos que se preguntan sobre sus propios hábitos, ANAD e.V. ofrece una autoevaluación del comportamiento alimentario en línea.

https://www.anad.de/hilfe-tipps-fuer/teste-dein-essverhalten/