Nostradamus: El astrólogo-médico detrás de las profecías

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Michel de Nostredame, conocido en el mundo como Nostradamus, no era sólo un místico. Era un hombre de ciencia en una época que no siempre separaba a ambos. Nacido en Saint-Rémy, Francia, el 14 de diciembre de 1503, vivió una turbulenta época renacentista antes de morir en Salon el 1 o 2 de julio de 1566. Hoy en día, sigue siendo el vidente más leído de su tiempo, aunque su legado se complica por la naturaleza misma de su obra.

Un médico que lee las estrellas

Para entender a Nostradamus, hay que observar lo que realmente hizo. Era médico. En el siglo XVI, la medicina todavía estaba ligada a la astrología. Los médicos no sólo recetaban hierbas; calcularon posiciones planetarias para determinar los mejores momentos para la sangría o la cirugía. Nostradamus se formó en esta tradición. Estudió en la Universidad de Montpellier, donde se licenció en medicina. Esto no era sólo un hobby para él. Era su profesión.

Sin embargo, su nombre está ligado a profecías, no a prescripciones. ¿Por qué? Porque escribió Les Prophéties, una colección de versos tipo haiku. Estos poemas eran vagos, codificados y abiertos a interpretación. Esa ambigüedad es exactamente lo que los mantuvo vivos durante siglos. La gente quería saber qué pasaría después. Nostradamus les dio algo que buscar.

El mito versus el hombre

La mayoría de la gente lo conoce como un adivino. La realidad estaba más fundamentada. Viajó mucho por Francia, tratando a las víctimas de la peste. Vio el sufrimiento de cerca. Sus cartas astrológicas eran herramientas de diagnóstico, no sólo de predicción. Cuando empezó a escribir versos, probablemente utilizaba marcos astrológicos para dar sentido a acontecimientos caóticos.

El libro en sí se publicó en la década de 1550. Contenía cientos de cuartetas. Ninguno de ellos nombró personas específicas ni fechas claras. Esta falta de detalle es lo que los hace tan duraderos. Puedes proyectar cualquier evento histórico importante en ellos. ¿Predijo la Revolución Francesa? Algunos dicen que sí. ¿Previó el 11 de septiembre? Otros afirman que sí. Los versos son lo suficientemente flexibles como para adaptarse a casi cualquier cosa.

Por qué aguanta

La fama de Nostradamus no provino de su precisión. Provino de la oscuridad. Su lenguaje era deliberadamente oscuro. Mezcló latín, provenzal e italiano. Hizo referencia a figuras mitológicas y acontecimientos históricos oscuros. Esto obligó a los lectores a mirar más profundamente. Para encontrar significado hay que interpretar. Y en la interpretación encuentras lo que quieres ver.

Los eruditos modernos lo ven como una figura del Renacimiento atrapada entre la medicina y la magia. Era un médico que utilizaba las estrellas para guiar su práctica. Era un astrólogo que escribía poesía para describir el caos. La separación entre sus dos roles no existía entonces. Pero ahora importa. Saber que era médico ayuda a eliminar parte de la neblina sobrenatural.

El legado de la ambigüedad

Su muerte en Salon no lo silenció. Lo amplificó. Siglos después, sus palabras todavía se citan. Los titulares los utilizan para dar sentido a las crisis actuales. Los nuevos acontecimientos se comparan con los viejos versos. El ciclo se repite. Cada generación encuentra una nueva profecía en su obra.

¿Es él un verdadero?

El médico accidental

Es difícil de creer, pero Nostradamus comenzó su práctica médica en Agen durante la década de 1530 sin tener un título. Podría decirse que no estaba calificado, ya que fue expulsado de la escuela de medicina antes de terminar sus estudios. Sin embargo, no se detuvo. En 1544, se había trasladado a Salon. Ese movimiento lo cambió todo.

Cuando la peste azotó Aix y Lyon en 1546 y 1547, no se escondió. Él dio un paso al frente. Sus tratamientos eran poco convencionales para la época, lo que le valió un gran renombre. La gente confió en él durante una crisis. Esa confianza cerró la brecha entre el sanador y el místico.

Alrededor de 1547 comenzó a escribir la que se convertiría en su obra más famosa. Publicó Centuries en 1555. El libro estaba estructurado en cuartetas rimadas, agrupadas en cientos. Cada conjunto de cien versos se llamaba “siglo”. Fue un formato inteligente. Se adaptaba a la obsesión de la época por la astrología, que alcanzó su máxima influencia en el siglo XVI. En 1558 siguió una edición ampliada, dedicada al rey francés.

Intriga y controversia judicial

Las profecías no se quedaron en los estantes. Algunas parecieron hacerse realidad. La fama siguió a la precisión. Catalina de Médicis, reina consorte de Enrique II de Francia, lo invitó a su corte. Ella quería su visión astrológica. Él hizo horóscopos para sus hijos. La corona se dio cuenta.

En 1564, Carlos IX lo nombró médico ordinario. Se había validado efectivamente a sí mismo a través de su proximidad al poder. Pero sus escritos siguieron siendo una bestia completamente diferente.

Existe una idea errónea común sobre su estatus legal. ¿La Iglesia prohibió su obra? No. Contrariamente a la creencia popular, la Congregación del Índice nunca condenó a Centuries. El organismo de la Iglesia Católica Romana encargado de examinar los manuscritos lo dejó así. Ese silencio permitió que la controversia se agravara en lugar de extinguirse.

El estilo críptico de las cuartetas invitaba a una interpretación infinita. Los creyentes sostienen que predijo acontecimientos históricos mucho después de su muerte. Algunos señalan como evidencia detalles específicos de la Revolución Francesa en el siglo XVIII. Otros miran más allá. Afirman que ciertos versos, que actualmente parecen no tener significado, predicen eventos futuros que aún no han ocurrido.

La ambigüedad es el punto. Mantiene vivas las preguntas. ¿Es predicción o coincidencia? El texto no responde a eso. Simplemente espera a que el próximo evento se alinee con la rima.