Disponibilidad militar en riesgo: las consecuencias de poner fin a la vacunación obligatoria contra la gripe

16

El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha anunciado un importante cambio de política: EE.UU. Ya no se exigirá que el personal militar reciba la vacuna anual contra la influenza. Al caracterizar el mandato de larga data como una “extralimitación absurda” que debilita las capacidades de lucha en la guerra, Hegseth enmarcó la decisión como un paso hacia una autonomía de “sentido común”.

Sin embargo, expertos médicos e historiadores militares advierten que esta decisión ignora un siglo de lecciones aprendidas en el campo de batalla, donde las enfermedades infecciosas a menudo han demostrado ser tan mortales como el fuego enemigo.

El costo histórico de las enfermedades en la guerra

La historia demuestra que las enfermedades infecciosas pueden diezmar una fuerza de combate de manera más efectiva que el combate. Los riesgos no son teóricos; están documentados a lo largo de siglos de lucha militar:

  • La pandemia de 1918: Durante el brote de “gripe española”, la influenza causó aproximadamente 45,000 muertes en el ejército de los EE. UU., casi igualando las 53,402 muertes causadas por el combate.
  • Lecciones sobre la viruela: Ya en 1777, George Washington reconoció que la viruela estaba diezmando a sus tropas, lo que llevó a la vacunación obligatoria para garantizar la supervivencia.
  • Brotes modernos: En las últimas décadas, los brotes de adenovirus en los campos de entrenamiento han provocado altas tasas de hospitalización (hasta un 20%). Los datos muestran que cuando las vacunas no estuvieron disponibles entre 1999 y 2011, los casos aumentaron; cuando se reintrodujeron, los casos se desplomaron.

La cuestión central es la densidad. El personal militar opera en espacios reducidos (barcos, cuarteles y tiendas de campaña) donde los virus se propagan con extrema eficiencia.

La paradoja de la “preparación”

Mientras que el secretario Hegseth sostiene que los mandatos debilitan la preparación, los profesionales médicos sostienen lo contrario. En un contexto militar, “preparación” se refiere a la capacidad de una unidad para desplegar y ejecutar misiones. Un brote de enfermedad crea una pérdida enorme de esta capacidad.

“Las tropas que viven en espacios reducidos tienen un riesgo especialmente alto de adquirir y transmitir enfermedades como la influenza, lo que afecta su capacidad de responder a las amenazas”, dice René Najera, Director de Salud Pública e Historia de Vacunas del Colegio de Médicos.

Los riesgos clave para la preparación de la misión incluyen:
* Incapacitación masiva: Como se vio durante la pandemia de COVID-19 en el USS Theodore Roosevelt, donde más de 1200 miembros de la tripulación resultaron infectados, la enfermedad puede marginar a unidades enteras.
* Pérdida de mano de obra: El Dr. Shane Solger, ex oficial médico naval, señala que incluso si la gripe no es mortal, los “días perdidos” de trabajo cuando los soldados se sienten enfermos reducen directamente la capacidad de funcionamiento del ejército.
* Transmisión global: Dado que el ejército estadounidense opera globalmente, las tropas no inmunizadas corren el riesgo de transmitir enfermedades prevenibles de un teatro de operaciones a otro, lo que podría desestabilizar regiones.

Cuestionando los datos

La decisión también va en contra de tendencias específicas en materia de salud militar. Si bien los datos generales de los CDC sugieren que los riesgos de hospitalización por gripe aumentan con la edad, un estudio de miembros del servicio activo entre 2010 y 2024 encontró tasas de hospitalización más altas entre el grupo de edad más joven (menores de 25 años). Esto sugiere que las tensiones únicas de la vida militar (agotamiento físico, estrés mental y vida en espacios reducidos) hacen que los miembros más jóvenes del servicio sean más vulnerables a enfermedades graves que el público en general.

Un cambio en la dirección de las políticas

Esta medida se alinea con una tendencia más amplia dentro de la administración actual de limitar los mandatos de vacunas, incluidas las políticas relacionadas con COVID-19 y Hepatitis B. Este cambio prioriza la autonomía individual sobre la seguridad biológica colectiva de la fuerza.

Actualmente, el ejército mantiene un calendario de vacunación riguroso para diversas amenazas, incluidas la fiebre amarilla, el tétanos y la fiebre tifoidea, para protegerse tanto de los brotes naturales como de la posible utilización de patógenos como armas. La eliminación del mandato contra la gripe plantea una pregunta crítica para los planificadores de la defensa: ¿En qué punto la libertad individual compromete la defensa nacional?


Conclusión: Al eliminar el mandato de la vacuna contra la gripe, el ejército cambia una medida preventiva colectiva por la autonomía individual, una medida que los expertos médicos advierten que podría conducir a brotes prevenibles, pérdida de horas de trabajo y una menor eficacia en el combate.