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Nos morimos por ser tocados

Un apretón de manos. Una palmadita en el hombro. Un abrazo que realmente significa algo.

Estos gestos parecen simples, casi triviales. Pero a la biología no le importa nuestra ansiedad social. Estamos conectados para contactarnos.

Michelle Drouin, psicóloga investigadora de Indiana, lo dice claramente. El tacto no es un lujo. Es un imperativo biológico. Out of Touch es el título de su libro, pero la premisa es cruda: estamos sufriendo una hambruna de intimidad.

Llámelo “hambre de piel”. Llámelo hambre de tacto. El nombre no importa. El déficit sí.

Nos afecta. Nos duele. Y para muchos, la solución es más difícil de lo que parece.

No se trata sólo de estar solo

No es necesario sentirse solo para pasar hambre.

El Dr. Drouin traza una línea ahí. La soledad y la falta de tacto se superponen, claro. Pero no son gemelos. Puedes sentarte en una habitación llena de gente, sentirte socialmente realizado y, al mismo tiempo, permanecer completamente intacto. Tu corazón está lleno. Tu piel tiene hambre.

También es muy individual. Algunos de nosotros queremos un contacto constante. Otros prefieren nuestro espacio. Esa variación es normal.

Para los niños, los investigadores utilizan el término privación de contacto. Tiffany Field, directora del Touch Research Institute de la Universidad de Miami, realiza un seguimiento temprano de estos impactos. Los bebés separados de sus padres enfrentan distintos riesgos. La necesidad de contacto comienza desde el nacimiento. Realmente nunca nos abandona.

Por qué tu cuerpo necesita el contacto piel con piel

Toque cariñoso. Definido como contacto placentero y voluntario destinado a mostrar atención.

Esto importa para todo.

En los bebés, la falta de contacto positivo puede detener el desarrollo del lenguaje. Puede alterar los resultados de salud mental de por vida. Para los bebés prematuros, el contacto piel con piel regula la frecuencia cardíaca. Estabiliza la temperatura. Desarrolla el cerebro. ¿Sin él? Problemas de estrés. Retrasos en el desarrollo. El costo es alto.

Luego está la oxitocina. La llamada “hormona del amor”.

El Dr. Drouin explica el mecanismo. El toque activa la liberación. En la primera infancia, vincula a padres e hijos. En la edad adulta, cimenta la confianza. Los lazos sociales se fortalecen. La salud mental sigue su ejemplo.

También reduce el cortisol. Esa hormona del estrés.

Si mantienes el cortisol alto, arruinarás tu metabolismo. Aumentas el nivel de azúcar en la sangre. La inflamación aumenta. La presión arterial sube. Tu ciclo de sueño se arruina.

La terapia de masaje ayuda. Un metanálisis de más de 130 estudios encontró que el contacto positivo respalda la inmunidad. Atenúa el dolor. Levanta la depresión.

“Los beneficios del contacto físico… no pueden exagerarse”, dice Drouin. El consentimiento es la clave. ¿Dentro de esos límites? Los beneficios son abundantes.

¿Quién se queda fuera?

¿Vivir solo? Estás en riesgo.
¿No estás saliendo? Mismo.

Las culturas occidentales lo complican aún más. En Estados Unidos no besamos las mejillas. No abrazamos a extraños. Mantenemos nuestra distancia. Otras culturas integran el tacto en los saludos diarios. Aquí nos aislamos.

Los niños en orfanatos enfrentan el mayor déficit. El trabajo del Dr. Field confirma que el contacto de los padres siempre supera al contacto de los proveedores de atención médica en los recién nacidos. La separación crea vulnerabilidad.

Seis formas de solucionarlo

Si se muere de hambre, aquí le presentamos formas de satisfacer esa necesidad.

1. hablar
Se siente raro. Exprésalo de todos modos. Dile a tu amigo que te gustan los abrazos. Pídele a tu pareja que te tome de la mano en el sofá. Quizás ellos también lo quieran. Generalmente no es un riesgo.

2. Masajes
Las sesiones regulares superan a las únicas. Cleveland Clinic observa que el estrés y el estado de ánimo mejoran. Veinte minutos funcionan. ¿No quieres un masaje de cuerpo completo? Un masaje en la cara o el cuero cabelludo cuenta. La biología no controla tu preferencia. Simplemente responde.

3. Mascotas
Los humanos no son la única fuente. Acaricia a un gato. Los empujones del perro ayudan. Un estudio de más de 400 propietarios relacionó el contacto con mascotas con un mayor bienestar. Las perspectivas positivas aumentaron.
¿Sin mascota? Voluntario. Cuida al perro de un vecino. Ve al café de gatos.

4. Autoabrazo
Envuélvete con tus brazos. Coloca una mano sobre tu corazón.
No es patético. Un ensayo controlado aleatorio demostró que el tacto relajante reducía el cortisol y la frecuencia cardíaca tanto como recibir un abrazo de otra persona. Regula las emociones. Funciona.

5. Fiestas de abrazos
¿Nunca has oído hablar de ellos? Comprensible.
Las “fiestas de abrazos” no son para tener sexo. Todos permanecen vestidos. El consentimiento es obligatorio. El Dr. Drouin señala que no son comunes porque el concepto parece extraño o erróneamente sexualizado para la mayoría.
Proporcionan intimidad segura y platónica. Busque facilitadores certificados si lo intenta.

6. Profesionales
Si el hambre provoca depresión o ansiedad persistente, hable con alguien. Un terapeuta o médico. Existen estrategias más allá de simplemente recibir un abrazo.

La realidad

Estamos hechos para esto.

Ignorarlo no hace que la necesidad desaparezca. Simplemente calma el estrés.

Quienes viven solos, sin pareja o institucionalizados se enfrentan a la peor parte. La solución no es única para todos. Habla con amigos. Encuentra una masajista. Abraza a tu perro. Quizás pruebe con una fiesta. O tal vez simplemente acepte que hoy su piel volverá a estar vacía.

No existe un botón fácil para una hambruna de intimidad. Pero hay opciones. Úsalos si puedes.

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